lunes, febrero 2

Trivial, encantador e innecesario: Subastas de MercadoLibre

Trabajé un año haciendo cosas con MercadoLibre y webs similares pero jamás me había percatado de su enigmático talismán: las subastas. Sí, esas puertas que se abren apenas por diez días y permiten que la gente se lance sobre ellas, deseando ser aquellos a quienes se les permita empujarla por completo y robar el preciado cáliz que se haya detrás sobre un cojín bordó.

No es necesario que el objeto anhelado sea ni objeto -en el sentido físico- ni anhelado, como la sarta de cosas publicadas que a nadie interesarían jamás de no estar en una subasta y tener un cronómetro -que no para de trotar en círculos, frenéticamente- produciendo que los niveles de expectativa se disparen por el aire y el click en Ofertar se haga casi por inercia.

Me encontré a las once de la noche de un viernes observando con cautela cómo decenas de personas se debatían por un par de anteojos a $3 o un curso de calendario Maya. Y ahí, entre lotes de catorce marquillas de cigarrillos argentinas raras, un visor tarifador de starligh de cabinas telefónicas, un antiguo auto gorgo de chapa año 1962 —"Mira que joyita", rezaba tentador el título del anuncio- y tantos otros artículos, apareció ella.

La subasta había empezado en $1 pero ya ascendía a los $22,50.
Cuatro minutos. Eso separaba al bellísimo artefacto de la última persona que había ofertado. Número desagradable que desapareció cuando -sumergida en meditaciones agudas sobre qué impulsa a alguien a poner
Re top acompañado por más de cinco signos de admiración en un título como llamador de ángeles para la atención de quien lo lea- descubrí que ahora restaban sólo dos. Y no pude contenerme.


El final de la historia ya es sabido. Y ella es preciosísima.





3 notas al margen.:

jUaNm dijo...

La compraste al final¿?
Buenísimo!

Muzza dijo...

Lo mínimo que podés hacer es postear un pedazo de mundo a través de sus ojos.

zeithgeist dijo...

hay algo mas sublime para matar el aburrimiento que mercadolibre?
Oh vamos... Es el puto paraiso.